jueves, 28 de marzo de 2013

UNA PUERTA AL INFINITO -I-

Yo no sé si Dios existe, pero si existe sé que no le va a molestar mi duda.

Somos los habitantes de la tierra moradores del universo, y estamos obsesionados en ponerle lindes al infinito. Nuestros antepasados miraban al horizonte y avistaban el cielo, y allí suponían estaba el final, pero ¿dónde empezaba? Con el paso del tiempo la Astronomía fue demostrando que este cielo es tan inmenso que no empieza en parte alguna, y así durante siglos quisimos entender que ese cielo era el infinito.
Y de tanto buscar donde termina el universo, fuimos descubriendo como el cielo ya no es aquella bóveda tachonada de clavos que describía ^-Anaxímenes-^, ni las constelaciones son aquellos seres fantásticos de la Mitología, con los que algunos de nuestros antepasados se entusiasmaban. Hoy sabemos que son soles inmensos luminares, rodeados quizás de planetas como nuestra Tierra.
hera amamantando a hercules
Y buscando el origen de nuestro ^-Sistema Solar-^  hemos conocido que entre todo ese cielo maravilloso de centelleantes estrellas, formamos una pequeña parte de esa sugestiva franja blanquecina algo irregular que cruza de este a oeste la bóveda celeste, que en la antigüedad creían había sido, en el origen del mundo, el primer camino del Sol. Para los griegos, que por su aspecto lechoso la llamaban galaxia (del gr. γαλαξίας, lácteo), era un testimonio evidente del despecho de ^-Juno-^  por los amoríos de Júpiter: 
La Vía Láctea había resultado de las gotitas de leche que Juno dejó caer cuando amamantaba a Hércules”  (*1)
Pese a que el filósofo griego Demócrito que vivió entre los siglos V-IV a. C., había comprendido que la Vía Láctea era el efecto de perspectiva del incontable número de estrellas extraordinariamente alejadas que la conforma, falsas opiniones sobre la estructura del Universo, como la de Arquímedes que en el sigo III a.C calculó que en todo el cabían a lo sumo 1071 granos de arena, disminuyeron el Universo.
Pero al llegar la Edad Media el Cielo, aún se consideraba más reducido, los sabios de aquella época, fiados por las lecciones de Aristóteles, siguieron propugnando el complicado cielo de las esferas cristalinas, con la Vía Láctea a pocas millas de la Tierra. Y aún en los tiempos de Copérnico, que formuló la teoría de ^-heliocéntrica-^, los grandes astrónomos creían en un Cielo pequeño.
La distancia de la Tierra al Sol es pequeña comparada con la distancia a las estrellas”.- Copérnico
--La puerta al infinito se entreabría.

El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir.
Apostilla
(*1) Relato copiado de del Tomo  1 Enciclopedia Labor segunda edición 1962. No he  encontrado otros que lo ratificaran, mas si se trata de una leyenda de los griegos parece más probable fuera la diosa Hera, ya que Juno es una diosa itálica y luego  romana asimilada a Hera 

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